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jueves, 21 de julio de 2011

Innovación: Un Paradigma Emergente




En el futuro ya no habrá más
premios para aquellos que
predigan la lluvia. ¡El
premio será para los
que construyan
arcas!”

Louis Gerstner

A principios de la actual década, en una de esas interminables sesiones de búsqueda por internet, intentaba adentrarme en el concepto de una materia impartida por el Profesor de Jack Vincent Matson en la Universidad de Houston; con la cual había sido reconocido nacionalmente al ser el ganador del la presea Zell/Lurie y beca para la enseñanza de la innovación ofrecidas por la Universidad de Michigan. A manera de serendipia, serendipidad, chiripa o casualidad, al tratar de indagar sobre esta clase que se llamaba “Fracaso 101”, encontré que el Dr. Matson había escrito un libro titulado “Innovate or Die”, que en las palabras del autor constituía su guía personal para hacer de las personas, ese ser humano innovador al que todos podríamos convertirnos.
De esa relación y lectura ha resultado mi profunda convicción de lo que afirma mi amigo Jack: “…La innovación es el camino para prepararnos y sobresalir en el siglo 21…” Y esa es la disyuntiva, sin salidas laterales, atajos o escapes de emergencia: o nos innovamos o nos extinguimos, como personas o como instituciones. No hay alternativa: la innovación es el único camino que tenemos para asegurar nuestra sobrevivencia institucional, ya no digamos competitividad, pertinencia o efectividad.





Hablar de Innovación, es entrar al debate y a la autocrítica; como lo señalara el genial Carlos Monsiváis, al recibir el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León:
“… si en las universidades públicas no hay debate, difícilmente lo habrá en otra parte… con sus errores, limitaciones y urgencia de autocrítica, las universidades públicas han sido y seguirán siendo uno de nuestros estímulos primordiales…”El escribir es en sí mismo, una innovación; un reconocimiento que para cambiar, necesitamos aprender de los demás, de las experiencias de éxito y de fracaso, las iniciativas fallidas, los inicios erróneos, los falsos comienzos e inciertos. Esta es una gran innovación que tenemos que resaltar. Hace poco leía el debate sobre una frase de Eugenio D’ Ors que a la letra dice “Todo lo que no es tradición es plagio”; con lo cual se refrenda el pensamiento de que todo lo que hacemos, pensamos, escribimos o hablamos se basa en algo que aprendimos anteriormente, y es nuestro deber ético el reconocerlo para avanzar, crear, recrear o innovar.


Innovación y creatividad van de la mano, como hermanas siamesas; la creatividad es el talento necesario para generar las ideas requeridas por la innovación; ésta, por su parte, representa el proceso de producir algo nuevo y único, es decir, novedoso (Matson, 1996), camino, que consta de 3 partes o principios:
1) la generación de ideas (creatividad),
2) su puesta a prueba (experimentación) y
3) cambio de perspectiva (nuevo paradigma)

Si lo vemos de manera práctica, éstas partes corresponden a las tres claves para el éxito de las organizaciones que son prósperas e innovadoras (Patler, 2004):
1) Acabar con los viejos hábitos,
2) Abrir nuevos caminos y
3) Romper moldes



Pero cuidado, en nuestras instituciones acecha un enemigo, terrible e implacable, que es la familiaridad, la zona de confort, lo convencional, lo tradicional, lo conocido. Muy apropiado y oportuno el gran pensamiento de George Bernard Shaw:
“El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable persiste en tratar de adaptar al mundo a si mismo. Por lo tanto, todo el progreso depende del hombre que no es razonable” En particular, las instituciones educativas, hay que reconocerlo, están repletas de hombres razonables! Demoledoras son las palabras expresadas por Jean Paul Sallenave:

"...La inercia del espíritu humano y su resistencia al cambio no se manifiestan, como se podría creer, en las masas ignorantes
-- fácilmente convencidas con solo apelar a su imaginación--,
sino en los profesionistas que viven de la tradición y del monopolio de la enseñanza. Toda innovación es una doble amenaza para las mediocridades académicas: pone en peligro su autoridad de oráculo y evoca la horrenda posibilidad de ver derrumbarse todo un edificio intelectual laboriosamente construido...".



Tom Peters (1992, Liberation Management, Editorial Atlantida PROMEXA) comenta de un fragmento del libro de Ann Beattle, “Picturing Will”, como una guía para no perder la perspectiva y el equilibrio en la vida:

“…Hazlo todo bien, todo el tiempo, y tu hijo será un hombre de bien. Nada lo impedirá, excepto la suerte, la herencia, el azar y el signo astrológico bajo el que nació, su orden en el nacimiento, su primer encuentro con el mal, la muchacha que lo deje plantado a pesar de sus excelentes cualidades, la guerra que esté en marcha cuando sea joven, las drogas que quizá pruebe una o muchas veces, los amigos que tenga, las calificaciones en la escuela, lo bien que aguante las bromas sobre sus defectos, lo ambicioso que se vuelva, qué tan bajo caiga, la evidencia circunstancial, la perspectiva irónica, los peligros inesperados, la dificultad para triunfar por encima de las circunstancias, las mala compañías y los animales con rabia …”

Quisiéramos dejar en la mente a todos los que han llegado hasta estas líneas una pregunta:
“Si usted pudiera imponer un único y sencillo cambio en la institución en la que labora, que se realizara a partir de mañana y que por sí mismo llevara a un mejor futuro, ¿cuál sería?”
Estamos convencidos de que el desarrollar una mejor capacidad de aprender de los demás, es un buen principio para solucionar las limitantes de los sistemas de aprendizaje actuales

De las tres situaciones o escenarios para el futuro del mundo que propone Eamonn kelly (2006; la decada decisiva (Powerful Times). Tres escenarios para el futuro del mundo. Norma.) nos quedaríamos con el del Surgimiento, que responde positivamente a la pregunta de que el liderazgo e innovación serán la fuente primordialmente ascendente, en un mundo democrático donde el poder se desplaza del centro, de abajo hacia arriba, y ampliamente compartido como nunca jamás.
Ángel Fidalgo, recientemente escribió el artículo ¿El profesorado forma y el alumno aprende?:
“… Un agricultor selecciona las mejores semillas para sembrar, una vez realizada la siembra cultiva el terreno (lo abona, lo limpia de malas hierbas, lo riega, lo cuida de ataques de plagas,..). Si la semilla era buena y ha cultivado correctamente recogerá una buena cosecha. En este breve símil la semilla es el conocimiento, sembrar es transmitir el conocimiento, cultivar son los paradigmas de aprendizaje y la cosecha es el fruto del aprendizaje. Dicho de otra forma el agricultor es el profesorado y la cosecha el conocimiento adquirido por los alumnos…
Es habitual considerar el proceso de formación como la selección de la semilla y la siembra, el alumno sería el terreno sobre el que sembramos. Que haya muchos reprobados en nuestra asignatura, será evidentemente, que el terreno es malo, que haya aprobados será que el terreno es bueno...
A menudo se nos suele olvidar que no basta con sembrar, que también hay que cultivar para recoger una buena cosecha. Quien conozca el trabajo de un agricultor sabe que cultivar es un trabajo muy duro, levantarse con el amanecer, preparar el terreno para sembrar, abonar, arar, quitar las malas hierbas, regar, poner una vela a San Isidro Labrador para que no haya tormenta (o que llueva), recolectar, almacenar, transportar, etc. Todos los que conozcan el trabajo del agricultor también saben que está mal pagado y muchas veces lo recolectado no da para los gastos. Lo mismo ocurre con los paradigmas de aprendizaje, si los llevamos a cabo, el trabajo del profesorado será mucho más duro, no sería reconocido por nadie (si acaso con suerte por los alumnos) y al final del curso pensaríamos que no mereció la pena. Sin embargo el agricultor ha sabido utilizar maquinarias, formar cooperativas, diversificar su trabajo. En definitiva ha optimizado su trabajo de tal forma que en un mismo terreno ahora trabaja menos y obtiene más cosecha. El profesorado, al igual que el agricultor ha introducido maquinaria (tecnologías) en el proceso de formación, incluso ha organizado cooperativas (redes), sin embargo creo que las utiliza mal. Me explico. La mayor parte de los procesos de innovación educativa sirven para crear o adaptar conocimiento, es decir, hacen la semilla de más calidad. Evidentemente si la semilla es mala no podrá germinar, pero a mi modo de ver actualmente el profesorado dispone de buenas semillas, por tanto, la innovación educativa se debería dirigir a otra cosa…
Una y otra vez se intentan renovar las metodologías formativas, pero siempre para sembrar no para cultivar. El proceso de siembra se hace con las mismas metodologías que hace cientos de años, metodologías basadas en la docencia. Estas metodologías se han mejorado con la inclusión de tecnologías y redes, sin embargo continúan siendo las mismas…

Nos empeñamos en innovar los procesos de siembra cuando la innovación educativa se debería dirigir a otra cosa. Las metodologías basadas en paradigmas de aprendizaje, al igual que cultivar, son costosas y suponen un gran esfuerzo. Aunque realmente se innova utilizando estas metodologías se suelen aplicar al proceso de selección de la semilla y en el de siembra. Creo que este es el gran error, que innovamos pero lo aplicamos en procesos equivocados. Debemos innovar en los procesos de cultivo, que actualmente son los que menos utilizamos. Debemos innovar para que cultivar se pueda aplicar, no es que no considere importantes la semilla y el proceso de siembra, es que esos procesos actualmente son correctos, por tanto debemos concentrar nuestros esfuerzos en aplicar paradigmas de aprendizaje pero en el proceso de cultivo...”

Gary Hamel (Liderando la revolución, 2000), es determinante al afirmar que
“…Las instituciones del siglo XXI que han sobresalido y estarán en la agenda mundial son aquellas que han basado su estrategia, no en la ‘e’ (del correo electrónico, del internet) sino en la ‘i’ (de la innovación e imaginación).Esto es, la brecha que separa a los ganadores de los perdedores, lo es el poder de la ‘i’, más que de la ‘e’…”

Para cualquier institución educativa que aspire a transformarse en una institución sustentable, de clase y alcance mundiales nuestro mensaje casi final sería:

"Nos Importa mucho el mundo que dejaremos a nuestros jóvenes. Aunque en mayor magnitud, urgencia o pertinencia, nos importa, qué clase de jóvenes le dejaremos al mundo"

Debe de quedar claro para ahora que nada llega para quedarse de manera definitiva, sea un producto, una marca, un hallazgo científico, una innovación educativa o una tecnología. Perales (2004) se refiere a este hecho, al relatar la cena de gala celebrada en beneficio de la ola de refugiados judíos que huían de la Europa del Este amenazada por Alemania. Corría el año de 1930, en el Hotel Savoy de Londres, cuando el genial George Bernard Shaw, presentaba al joven científico, ganador del premio nobel de la física, Albert Einstein. Estas fueron sus palabras:

“… Tolomeo creo para nosotros una teoría del universo que se mantuvo por 2000 años; Newton propuso un universo que se mantuvo por 300 años; y Einstein formuló un nuevo universo que supongo que ustedes quieren que diga que nunca se va a derrumbar, pero que sin embargo lo hará, aunque ni siquiera él, el más grande de nuestros contemporáneos, sabe cuánto tiempo pasará antes de que otro venga a desbancar sus teorías…”


Han transcurrido ya los primeros cien años desde la creación de ese nuevo universo por Einstein. Permanece plácidamente esperando el turno para que una nueva teoría lo reemplace.
Ese, fieles lectores que han llegado hasta este punto, es el fatal destino de toda innovación paradigmática. Con todo cuidado y paciencia se va tejiendo un nuevo traje, a partir de aquel roído y desgastado vestido que por un tiempo cubre y engalana el cuerpo de conocimientos aceptados por una comunidad, en una espiral ascendente, interminable, que abre eventualmente nuevos horizontes para la humanidad.