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sábado, 12 de mayo de 2012

La Universidad Somos Todos


 Me parece que de origen hay una confusión conceptual que permea en distintos ámbitos de la universidad. Una cosa es la 'grilla' y otra la 'política'; la primera por todos conocida, por muchos practicada, y a veces mal entendida, no se refiere a la hembra del grillo, sino que es una expresión usada para referirnos a cosas insulsas, baladíes; para referirnos de aquellos que se ocupan de cosas inútiles, de pláticas de pasillo, corrillos o conversaciones informales sin verdadero sustento ni valor, cargadas de intrigas, de bajezas, de golpes bajos, de juego sucio. Se les llama grillos profesionales a quienes se dedican a eso y por ello, se dice que 'es pura grilla' para dar a enteder que una noticia, comentario o argumento que se escucha o lee, no es creible.

En cuanto a la segunda, la política,  se refiere al arte de conducir un asunto público para lograr un fin determinado. En mi opinión muy particular, la política es en su sentido más alto la oportunidad de servir, de liderar una organización o grupo de gentes hacia un objetivo o meta.

 El filósofo Español Fernando Savater, en su libro --Política para Amador--, nos recuerda que los griegos llamaban "idiotés" a quienes no se metían en política, ya que ésta expresión significa en griego, persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada, a fin de cuentas, por todos.

Creo que el papel legítimo, nos guste o no, de un representante de una institución educativa, sea de preprimaria o universitaria, tiene que ver con la creación de las condiciones adecuadas para que los profesores, los trabajadores y las autoridades a su cargo, trabajen a su máxima expresión, que se entreguen por la institución, que cumplan sus funciones. Esto exige conciliación, negociación, diálogo, comunicación. Es estirar y aflojar, sin perder de vista la gran misión de la institución.

Fernando Escalante en el prólogo del libro de Joel S. Migdal --Estados Débiles, Estados Fuertes-- apunta que el "...Estado forma parte de la sociedad..."; de la misma manera, la autoridad universitaria es parte de la comunidad universitaria y de la universidad en su conjunto.

 La autoridad es responsable de la buena marcha de la institución y de observar y aplicar las normas, reglamentos, disposiciones administrativas, los recursos económicos a su alcance; de asegurarse que otros niveles de autoridad --coordinadores de división, directores regionales, directores,subdirectores,jefes de departamento, jefes de programa, secretarios de sindicatos, organizaciones estudiantiles, etc.-- también las apliquen y cumplan. y en ello siempre se encontrará fuerzas opuestas. Por ello, dependiendo de su habilidad para conciliar intereses tan distintos, siempre se hablará de autoridades débiles y de autoridades fuertes; pero también habra siempre, diferencias en los estilos de gobernar. Ninguno es más válido que otro; desfilarán ante nosostros,según las circunstancias, los roles de político, de académico, de investigador, de profesor, de trabajador, de estudiante, de negociador, de gestor, de representante y defensor de la institución ante fuerzas externas. Todo aquel que intente transformar una institución educativa, sacarla de su mediocridad académica, afectará intereses muy distintos y contrarios a los más nobles propósitos de calidad y excelencia académica. Se sufre localmente un efecto casi universal que frena el desechar lo obsoleto por nuevas y mejores prácticas :


"...La inercia del espíritu humano y su resistencia al cambio no se manifiestan,
 como se   podría creer, en las masas ignorantes- fácilmente convencidas con
 solo apelar a su imaginación-, sino en los profesionistas que viven de la
 tradición y del monopolio de la enseñanza. La innovación es una doble
 amenaza para las mediocridades académicas: pone en peligro su autoridad
como oráculos y evoca la horrenda posibilidad de ver derrumbarse todo un
 edificio intelectual laboriosamente construido. Los académicos palurdos han
 sido la maldición...se multiplican como una sólida y hostil falange de
 pedantes mediocridades..."*

Y en la vida de un representante, abundan las oportunidades y las circunstancias para ejercer diversos roles, sin perder de vista, las atribuciones, facultades y obligaciones que tiene al interior --la ley orgánica, el estatuto universitario, los reglamentos,el consejo universitario y sus reglamentos-- y al exterior --las leyes, normas, reglamentos y normas de operación, estatales y federales.


Es compleja la tarea de un Rector, claro que la es; pero mucho más complicada será si no se establece una disposición más abierta al diálogo, a la comunicación con todos los actores universitarios y conciliar con todos, en bién de la Universidad. Hay que cumplirle a todos, estudiantes, profesores, trabajadores, autoridades electas, autoridades designadas, a todos los universitarios. Las personas van de paso, las instituciones se quedan. Y si el trabajo no da resultados, no solo no se avanza, sino que se retrocede. Si no hay resultados, hay que ir a la raíz de las causas,no quedarse en el follaje. Hacer un análisis objetivo e imparcial de la situación exige desprenderse de la cómoda actitud de culpar a los demás; de achacarle la falta de una administración eficaz y eficiente a fantasmas inexistentes; de dejar de mirar hacia atras y ver el futuro. El desapego incluye eliminar a esos enemigos personales de la soberbia, prepotencia, rencores y envidias. De reconocer los errores, las insuficiencias, las deficiencias y las ineficiencias. De aceptar y reconocer a la crítica como una herramienta de mejoramiento; y por ende, aceptar los puntos de vista contrarios. Se requiere de una gran dósis de humildad y de saber escuchar.
No creo que sea mucho pedir, el que se reflexione las palabras pronunciadas por Don José Vasconcelos cuando tomó protesta como Rector de la UNAM:


“…Yo no vengo a trabajar
por la Universidad, sino
  a pedir a la Universidad
que trabaje por el
 Pueblo…”








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* Koestler, Arthur. 2007. Los sonámbulos.Qed-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D.F. 491 p.